“EFECTO LLAMADA”

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Lo que puede decir un ministro (y lo que diga un ministro es indiscutible, que para eso es ministro. Y este, además, magistrado) ¿Puede llegar a magistrado alguien con semejante nivel? Pues ha llegado. Y a ministro. Y a alcalde de la tercera ciudad de España, la segunda en extensión, la primera en atractivo y renombre  mundial. Lo ha dicho sin cortarse, “valiente” el hombre, frente a la “protervia”, la “malignidad” de las organizaciones no gubernamentales. Las ONGs tienen el “descaro” y la “malicia” de atender a los necesitados. Y, como necesitados, atienden, alimentan, curan y abrigan; recuperan de la mar que ellos intentan interponer entre sus personas y la miseria, el hambre y la guerra. Desde luego, hay que ser inicuos y perversos para, en vez de dedicarse a explotar a los demás, a subir el recibo de la luz, a cerrar empresas para que las restantes ganen más, o a mandar a la policía contra quienes protestan contra el sufrimiento, como “honradamente” hace un Ministro de Interior; en vez de esa labor “humanitaria”, se dediquen a salvar vidas humanas. Después de todo ¿para qué quieren salvarlas? ¿Para que haya más personas en los comedores sociales? ¿Para que haya más personas desfavorecidas? Hay que ver, “qué gente tan desconsiderada”. Tan “antisistema”. Desde luego, porque el sistema son ellos. Lo imponen ellos: los gobiernos y quienes tienen por encima, a quienes se sienten obligados a obedecer.

Así que, según el ministro Zoido, el mismo Zoido que hundió cuatro años más una de las ciudades más valoradas en el mundo, quizá para que pierda esa valoración. Quizá porque su partido, y quienes mandan en su partido, o sus asesores, o sus supuestos “colaboradores”, le ordenaron cruzarse de brazos, para que la ciudad pudiera retroceder cuatro años. Como ahora hace retroceder los derechos y la democracia. Según ese ministro, en línea con la ineptitud de quien le ha nombrado, responsabiliza a las ONGs del “efecto llamada”. O sea: ahora resulta que los inmigrantes no vienen huyendo de las guerras, del hambre, de la miseria reinante en sus países de origen. Y el efecto llamada no lo hacen las falsas estadísticas sobre recuperación de la economía, sobre ocupación del puesto (ni se sabe) en la economía mundial. No lo hace el falseamiento de los datos, la ocultación de los cientos de empresas cerradas, mientras el dinero de los contribuyentes iba a engordar los bancos y a crear miles de parados, con las fusiones fomentadas desde el poder. Desde el micro poder del Gobierno y el macro poder de la propia banca. No.

Los inmigrantes vienen porque saben que hay organizaciones, cuyos miembros se pondrán en peligro para salvar sus vidas en el peligroso cruce del Mediterráneo; y luego les cubrirán con mantas, para dar calor a sus cuerpos ateridos por el agua y el miedo; y buscarán la forma de que prueben alguna comida, después de muchos días faltos de ella. Y curarán sus heridas. Y buscarán un techo, aunque sea de lona, para protegerlos del relente de la noche y del sol de mediodía. Las ONG llevan a cabo todas esas maldades y, si dejaran de realizarlas, los inmigrantes se quedarían en sus casas, pasando hambre y sed, o siendo pasto de los “señores de la guerra”.

Es que los inmigrantes, según parece pensar el ministro, son masoquistas. Les gusta sufrir un recorrido agotador; a muchos de ellos les “encanta” quedarse en el camino, para alimento de las fieras o de los peces. Pero les mueve, solo o fundamentalmente, saber que cuando lleguen –quienes consigan llegar- serán atendidos por gente “tan perversa” a quienes solo les mueve la intención de que otros muchos crucen la mar y el desierto.

¿Cómo es posible que estemos en manos de gente con este nivel, cultural, social, intelectual… humano?

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