DOÑANA, OTRA VEZ

0
1359

No hace tanto tiempo, para hacer Justicia a la Naturaleza, puesta en valor por los profesores José Antonio Valverde y Francisco Vernis, continuada por Javier Castroviejo y Miguel Delibes de Castro, defendida por Juan de Aizpuru y Francisco García Novo, entre otros profesores y estudiosos del aún naciente movimiento ecologista, una campaña: “Salvemos Doñana”, comenzada en Sevilla por “Averroes estudio andalusí”, un pequeño grupo cultural, se fue extendiendo lento, pero constante, hasta obtener el apoyo y la participación de numerosos grupos, de instituciones como la Universidad de Sevilla, los Colegios de Arquitectos de Huelva y Sevilla, el de Ingenieros, el CSIC, o voces mediáticas de tanto peso en aquel momento, como la del doctor y naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, de partidos a partir de 1976. Y del Gobierno de Suecia y el príncipe Bernardo de Holanda, también criticado por los defensores de la especulación

Entonces, los muy bien situados políticos y empresarios partidarios de convertir Doñana en un erial, de partirla con una carretera hacia la nada, para urbanizar toda la franja costera bajo el lema “las personas son más importantes que los pajaritos”, fueron perdiendo fuerza ante la fuerza de los argumentos, de la demostrada realidad: el territorio de Doñana no es útil para el cultivo; en cambio es, y mucho, para el estudio, para la didáctica, para crear y establecer una economía duradera y sostenible. Porque es un Monumento natural insustituible, de una gran fuerza cultural, un espacio de importancia vital para el mantenimiento de la vida en un amplísimo espacio natural, tan amplio que abarca desde el Ártico hasta el Antártico, es decir: prácticamente toda Europa y África; recorrido de las aves migratorias que tienen aquí su escala, dónde anidan y descansan para soportar tan prolongado viaje.

Después de múltiples vicisitudes, en que los pioneros soportaron sucias campañas de desprestigio, insultos y calumnias, por defender el legado patrimonial de esta Joya de la Naturaleza, se impuso la lógica frente a la depredación especulativa. Obtuvo, por fin, la calificación de Parque Nacional con zonas de protección en su entorno, calificadas Parque Natural. Y la UNESCO lo reconoció como Patrimonio de la Humanidad y Reserva de la Biosfera, ampliado a todo el entorno, por sus claros y numerosos valores ecológicos, económicos, históricos y pedagógicos. La vida de más de trescientas especies, la limpieza del aire y la calidad del agua, quedaron preservadas.

Ahora, la sórdida rapacería, la codicia de una empresa energética, con el imprescindible apoyo de la Administración central (y centralista), pretenden convertirla en almacén de gas natural. No les importa el daño infligido a las especies que anidan y subsisten en el espacio natural, ni que el fracking pueda mezclar las tres capas freáticas, con la inmediata destrucción de toda vida animal y vegetal. A unos y a otros solo les preocupa su beneficio personal inmediato, aunque ese beneficio suponga la pérdida de un enclave natural de importancia mundial; ni añadir contaminación, ni envenenar los acuíferos que nutren media Andalucía. Su sordidez parece lo único importante. Ahora, un año después de comenzar unas obras que deberían haber sido rechazadas por el servil gobierno, cuatro incendios “fortuitos” han puerto en peligro el espacio natural más importante de Europa y uno de los más importantes del mundo, del que depende la vida de más de trescientas especies de aves y casi otras doscientas de mamíferos y reptiles. Pero cuanto incendios son demasiados para que sean casuales. Miembros de la Coordinadora Doñana Lives, formada por veintitrés asociaciones, partidos y sindicatos, lo ha denunciado ante la Fiscalía de Medio Ambiente de Andalucía, y exige una repoblación inmediata del doble de la superficie calcinada, como medida para disuadir a los pirómano-especuladores.

Doñana es tan importante, porque la desaparición de una especie rompe la cadena trófica, mucho más la de trescientas. Porque la falta de agua llevará nubes de mosquitos desde Ayamonte hasta Sevilla, o más. Porque sin agua no es posible la vida, y cualquier daño a Doñana amenaza los acuíferos propios y, lo que es más grave, el acuífero Niebla-Posadas, del que se nutren todos los ríos, fuentes y arroyos de aproximadamente las tres cuartas partes de Andalucía. El fuego ha estado a punto de llegar hasta el lugar dónde se está construyendo el irracional almacén subterráneo de gas. Si eso ocurriera con el almacén terminado y con los gasoductos en funcionamiento, hay que imaginar el volumen, el alcance de la catástrofe. Nadie puede negar ninguno de los argumentos que aconsejan cuidar este espacio natural único, y suspender la instalación de tan peligrosa construcción gasística. Pero el egoísmo especulativo y el interés crematístico personal de los miembros del Gobierno, se está imponiendo al interés general. Y después cambian la hora, para que creamos que se preocupan por nosotros.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here