DON GUADALQUIVIR

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Hay ríos que unen, como el Mekong, creador de un carácter, recalca el símil de la cultura Indochina. Hay ríos que definen, como el Danubio o el Congo, pero no son de ninguna nación, para poder ser de todas. Y hay ríos nacionales, ríos de un solo lugar, de una nación a la que han conformado a través de los siglos, como el Moldava o el Amazonas. Como el Guadalquivir.

El Guadalquivir es un Don.

El Nilo andaluz. El Gran Rey de Góngora, que baña todos los campos, todas las zonas, todos los espacios. Que recoge agua de todas las sierras, de todas las comarcas naturales, de todas las artificiales provincias. Sí; incluso la artificial administración hecha para dividir y las tierras que, siendo andaluzas, un vulgar decreto-ley “trasladó” a otras, para que ahora algunos crean hallar justificación con que negar sus derechos a Andalucía; incluso ese vulgar engendro entrega sus aguas al Guadalquivir.

Lo impresionante es la perra que les ha dado a muchos, por negar el derecho de Andalucía a administrar su territorio y sus recursos. Deben ignorar que el agua no es menos importante que la sanidad o que las carreteras.

En todo caso, es más.

Tal vez sea que la realidad social de Andalucía les hace temer por la “realidad política” española. Pero ¿de quién sería la culpa? No de quien reclama unos derechos históricos, mucho más amplios que el limitado proyecto de la partidista Junta ¿de Andalucía?, con el inigualable puntal de cierta oposición autonombrada popular. La culpa será de quienes se han esforzado por simular una unidad política, hecha a la medida de unos y a costa de otros. A costa de Andalucía, para ser más exactos.

Reclamar el mantenimiento de esa situación injusta, esa relación de dependencia, débil hilo que nos une a una filosofía conquistadora, heredada por una Europa depredadora, es lo único que podría explicar esa obsesión de determinados colores políticos, por negar la evidencia: que el Guadalquivir está en Andalucía. Que la recorre de este a oeste y de norte a sur. Que se abre y se extiende, generoso, para ser todo andaluz, de toda Andalucía. Y solo de Andalucía.

Porque los ríos unen. El agua comunica. Los límites, no. Las divisiones dividen. Sobre todo las administrativas. En el reino de España, las provincias sirven para dividir, para enfrentar. Un río no es un recorrido. No es nada más un recorrido. Es una cuenca; los ríos de una cuenca son vasos comunicantes. Un río comunica.

El Guadalquivir nace en Cazorla. Y en la sierra de María, que es parte de la provincia administrativa de Almería. Y en las sierras de Baza, de los Pedroches, de Antequera, de Aracena… Recorre los reinos de Jaén, y Córdoba, y Sevilla y Granada; y las “provincias” de Cádiz y Huelva y Málaga. Y cruza entre las de Cádiz y Huelva; por lo que no es más de una ni menos de la otra. El agua que transporta el Guadalquivir, une las sierras de Aracena y las de Los Filabres; las tierras mineras de la cuenca de Río Tinto, con las del Marquesado y las de Los Pedroches.

Hay otra cuenca: la del Sur, formada por los cortos y caudalosos ríos que nacen al sur de las altas cumbres de la Penibética. Y es una Confederación como todas las demás. La única diferencia es que a esta, al discurrir entre la cordillera y el Mediterráneo, no es posible negarle su nacionalidad. Aunque ya le gustaría a alguno… pero, no es posible.

Sin embargo, los ríos Odiel y Tinto, su cuenca, están adscritos a la del Guadiana. Eso les debe parecer normal, quizá porque la sede de esa cuenca tampoco está en Andalucía.

Hay unos cuantos metros cúbicos de agua que tienen su nacimiento en territorios hoy incluidos en provincias geográficamente externas a Andalucía. Y artificialmente llevadas al enfrentamiento, por sus no menos artificiosos administradores políticos. Javier de Burgos no pudo prever los resultados de su división. Si lo hubiera intentado, no le habría salido mejor. Posibilitó el agravio cateto.

Pese a todo, unos cuantos metros no pueden negar la realidad del Nilo andaluz. El Guadalquivir, es preciso recordar, recorre toda Andalucía. Recoge agua de toda Andalucía. Es de toda Andalucía, pero solo de Andalucía.

Negar la realidad es el más espantoso de los ridículos. Y una de las mayores infamias que ha de soportar el andaluz.

El río que da nombre a Andalucía (como no todo el mundo tiene que ser investigador, lo sabe quien quiere saberlo), claro que es una propiedad sentimental. Como el Miño separa pero une Galicia al norte de Portugal. Hay muchos países que tienen su “río nacional”, hechos música. Que la música es la mejor definición de una cultura: Austria, Bohemia, Brasil, Egipto. En este grupo se encuentra Andalucía. A pesar de Javier de Burgos, de ciertos personajillos elevados a cabeza de Comunidad por su natural político-pegamento, de cuantos quieran negar la verdad, que sigue siendo lo que es, aunque se mire al revés (Demófilo). España no tiene un río nacional. Pero eso, como su propia verdad política, económica, social, no es culpa de nadie. La geografía no crea los países. Eso es obra de la política.

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