Perdonad: hay diferencias. En todas las guerras hay víctimas; casi siempre más entre los vencidos. En todas las guerras hay abusos; casi siempre, más entre los vencidos. Casi. Que está mal decir siempre. Y en todas las guerras civiles hay excesos, venganzas personales, venganzas vecinales. Y odios acumulados. Los odios pueden ser por diferencias personales, incluso circunstanciales; por minucias. O por causas profundas. Por opresión, por ejemplo. Pero, en este caso, lo lógico sería que el odio partiera del oprimido. Sin embargo, en la última lucha fratricida, en territorio dominado por los golpistas, el odio partió de los opresores. Peor aún: de quienes, sin poder ser opresores rendían pleitesía a su enemigo natural. Quienes habían optado por una ideología de excepción, de obsesión, de opresión. Totalitaria, excluyente, discriminatoria. Será el gran pecado de la ignorancia. De la ignorancia asumida y preferida. Será.

            En todas las guerras civiles hay excesos. Pero no todos los excesos son idénticos. Los abusos y las masacres no son comparables, no se debe jugar a ver quién es más dañino. No cabe el “y tú más”. Pero sólo queda ese recurso, cuando la añoranza del omnímodo poder añorado suelta “perlas” como “la bajeza de distinguir entre víctimas…”. Según cómo. Sería bajeza distinguir entre victimas para mantener la discriminación, el oprobio. Para impedir que los familiares puedan descansar con el descanso de los suyos. Porque esa es la primera diferencia: todas las víctimas son lamentables y todas son respetables. Pero a unas se les puede poner flores dónde duermen el sueño eterno, mientras de las “otras” se desconoce, no el lugar exacto; ni siquiera la zona en que pudieron haber sido arrojados sin una lágrima que fertilizara la tierra que los cubrió.

  • Será bajeza distinguir entre victimas para mantener la discriminación, el oprobio. Para impedir que los familiares puedan descansar con el descanso de los suyos

            Verán: Uno es uno más. Nada más. Es evidente que a las autoridades les importo un pito. Que a los partidos, si los voto. Y aún así, más o menos les traigo al pairo, sólo la suma les motiva un poco. Muy poco. Pero, querido lector, ya que tiene la gentileza de leerme: lo mismo que a usted. Exactamente lo mismo. Ninguno de los dos, ninguno de los miles que constituimos “el pueblo”, la “masa”, les importamos. Menos que el pajarito enjaulado al que, por lo menos, le ponen agua y alpiste. Nos tienen enjaulados también, no crea que es libre, que ahí está el juego. Nos tienen enjaulados, pero sin alpiste ni agua. Pero es que tampoco nos importamos a nosotros mismos. Es decir, a la sociedad, de la que formamos parte, también le traemos al pairo. No somos noticia, salvo alguna salida espectacular. A esta sociedad nuestra, la que hemos hecho y hacemos todos los días, le encanta el morbo. Si no hubiera sufrimiento no habría literatura, no habría poesía. Se dice. Y es muy posible. A la sociedad la encanta el morbo, pero se desentiende de sí misma, de la sociedad que –dicen- somos todos.

            Por fortuna, no necesito buscar la tumba de mi padre ni de mis abuelos. Por suerte los falangistas que en 1936 fueron a buscarlo, tres veces, en ninguna de las tres lo encontraron en su casa. Era joven y su agilidad le permitía saltar la tapia a la casa trasera. Una tapia, como la que tenían preparada para darle el adiós sin despedida, le salvó la vida tres veces. Si no hubiera escapado, su semilla no podría haber germinado y yo no podría estar buscando sus restos, porque no habría nacido. No estaría aquí pidiendo justicia para las víctimas. Para todas las victimas; las del “otro bando” también, en la medida en que algunas pudieran encontrarse en fosas desconocidas.

  • Catalina Muñoz (en la foto) pudo ser identificada por el sonajero que habia comprado para su hijo, minutos antes de ser detenida

            No cabe dudas: hay diferencias. De volumen y de cantidad. Por más que sea muy lamentable el bombardeo de Paracuellos, no es equiparable a los de Guernika, Cabra (más salvaje que el anterior), Jaén. O que el ametrallamiento desde los barcos italianos, a la multitud que intentaba escapar de Málaga por la carretera costera hacia Almería. Hubo una sola desbandá. Un solo “espectáculo” para probar puntería, como si estuvieran en el tiro al blanco en una caseta de feria. Un solo espectáculo de prueba de cañonería. Y fue en Andalucía. Y lo dieron, y lo disfrutaron, los defensores de un bando: el bando rebelde. El golpismo.

            Las víctimas son todas víctimas. Eso no está en cuestión. La identificación del lugar en que reposan sus restos, los de cada grupo, eso es lo que preocupa. Eso es lo que se reclama. Porque las familias tienen derecho a conocer dónde están sus familiares asesinados. Y a descansar, dándoles el descanso que merecen.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here