“DIAMANTE DE SANGRE”

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El gran Edward Zwick nos pone de manifiesto una historia en plena Guerra Civil de Sierra Leona, acompañado de Leonardo DiCaprio, Djimon Hounsou y Jennifer Connelly. No es ningún desconocido el señor Edward, ya que ha dirigido otras tantas películas, de la talla de “Leyendas de Pasión”, “El último Samurái” o “Shakespeare enamorado” (ganadora del Oscar a mejor película). Por lo tanto, esta maravilla cinematográfica, no es más que otro eslabón del magnífico Zwick.

El film nos narra la historia de un mercenario llamado Danny Archer (Leonardo DiCaprio) y un pescado, de nombre Solomon Vandy (Djimon Hounsou), que se encuentran en la búsqueda de un valioso diamante rosa, que el segundo ha escondido tras ser separado de su esposa e hijos, y ser destinado a un campo de trabajo. En este contexto, aparecerá Maddy Bowen (Jennifer Connelly), una periodista estadounidense que investiga el negocio ilegal del comercio.

El director viajó al país africano para rodar este drama de acción y aventuras, situando a sus personajes en un contexto brutal, donde la muerte es plato común y la ambición suele marcar las pautas del comportamiento, más aún si se busca el comercio ilegal con diamantes, “lujo de unos pocos que pueden convertirse en la miseria de muchos”. La película se convierte en una denuncia absoluta.

Todo empieza en un poblado de una Sierra Leona sacudida por la guerra civil, donde el protagonista es un pescador humilde que manifiesta un deseo de mejora para su hijo, a través del esfuerzo académico. Esa ilusión es interrumpida por la aparición de unos revolucionarios rebeldes que arrasan poblados, separan familias y “lavan” cerebros a niños, inculcando el odio y el asesinato. Son actitudes y hechos muy dramáticos que contrastan con un diálogo paterno-filial sobre utopía y paraíso previo.

La relación mantenida entre DiCaprio y Hounsou se convierte en muy especial, a través de un progreso de empatía y entendimiento, clave para la resolución de una película, que consigue una eficacia narrativa y pujanza emocional soberbia, provocando la fijación continua en el relato, junto a las interpretaciones meritorias de ambos actores, que presentan profundidad a tales emociones. A esta odisea se suman los tonos taciturnos, con verdosos paisajes de abundante vegetación y sonidos africanos, escritos por James Newton Howard (compositor americano con trabajos en “El sexto sentido”, “El Bosque” “Batman Begins”, y un largo etcétera.)

Como aspecto a destacar, es la actitud de los personajes principales masculinos, acercados al espectador con tacto sensible; el femenino, intrascendente, no posee calado ni demasiada credibilidad en su posición profesional; y los caracteres de los villanos, no son más que caricaturas.

En conclusión, la película es una aventura mayor, una heroicidad, un viaje de esperanza, una lucha valiente por un ideal, por una familia, por la supervivencia. Un producto fílmico de calidad, con unas interpretaciones de gran nivel, un sentido del ritmo bien repartido, que capta la atención de comienzo a final, y se desliza por nuestros sensibles corazones. “Diamante de Sangre” es por todo lo anterior, una película que me ha encantado, de esas que te dejan un nudo en la garganta, que te hacen disfrutar y emocionarte para amar más fuerte el cine como vehículo de entretenimiento, crítica y reflexión.

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