DERECHOS HUMANOS

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A veces inhumanos y más bien torcidos, retorcidos, pero nunca por error. Sí para horror. Obsoleta (eso les debió parecer) la Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano, apéndice de la Revolución francesa, tras las devastadoras guerras mundiales vino la Declaración Universal de Derechos Humanos. Declaración que muchos países han suscrito y algunos, como es el caso de España, la tienen agregada a su Constitución; es decir: la Declaración forma parte de la Constitución Española. Sus artículos tienen el carácter de artículos de la propia Constitución, por lo que pueden ser requeridos como parte integrante de la hispánica Ley de Leyes. Algo muy poco conocido, tan poco como la Constitución misma, que lo incluye en su artículo 10.

A la Declaración Universal de Derechos Humanos precedieron otras leyes, aceptadas por varios cientos de países, la inmensa mayoría de los independientes, aunque luego algunos las ignoren, falseen su comportamiento para eludir condenas o tergiversen adrede su significado en claro afán de confundir. Estos, muchas veces se ven libres del Tribunal Penal Internacional. Quienes sí lo esquivan son los poderosos y sus socios protegidos: Arabia Saudí, Israel, Marruecos, Turquía y alguno más entre los que el ISIS tiene un lugar de honor, aunque no sea un Estado, pese a su autoconcedido nombre. Esas leyes, desde los primeros acuerdos de Ginebra, se hicieron para humanizar, en lo posible, los enfrentamientos bélicos, para evitar sufrimiento inútil a la población civil, o abuso de los prisioneros de guerra, entre otras cosas. Téngase en cuenta que hasta la batalla de Solferino, en junio de 1859, muchos ejércitos aún practicaban el asesinato de heridos en el campo de batalla. Y que los acuerdos de Roma dieron paso al Derecho Internacional Humanitario, base del Tribunal Penal Internacional, creado para juzgar y castigar los genocidios y demás crímenes de guerra.

Las leyes internacionales, pese a ser refrendadas mayoritariamente, no han podido terminar con las prácticas criminales, superiores a la crueldad de la propia guerra en sí misma. Pero el Tribunal lleva vistos y resueltos muchos casos desde su fundación. No todos, porque los responsables hallan formas de esquivarlos, “virtud” en la que destacan USA y sus aliados más íntimos. En ese grupo está entrando, a fuerza de empuje y cinismo, la Unión Europea. No en crímenes de guerra, pero sí en colaboración necesaria al genocidio, en incumplir el derecho de asilo (mundialmente reconocido por las mismas leyes) y en otras actitudes, expresamente prohibidas, que entran en la jurisdicción del TPI.

El Derecho Internacional Humanitario prohíbe expresamente, y el Tribunal Penal Internacional debe juzgar y condenar: la violación de los convenios de Ginebra; los malos tratos a la población civil; El maltrato de los prisioneros de guerra o de náufragos. La deportación o traslado ilegal, confinamiento, ataque a lugares indefensos, utilizar indebidamente bandera blanca, o las insignias de los convenios de Ginebra, el desplazamiento de civiles… Justo todo lo que Arabia Saudí e Israel, amparados en la cobertura USA, están haciendo, los primeros en Yemen y ahora están dispuestos a continuar en Qatar, para acallar a quienes denuncian sus atrocidades. Israel, por su parte, está superando todos los crímenes de guerra cometidos, con los derribos de viviendas, los ataques a hospitales y colegios, o la negación de electricidad y agua potable a las poblaciones sometidas. Y actos de piratería, al atacar barcos independientes en aguas internacionales.

Una línea marcada, una burla a la legislación humanitaria internacional y al Tribunal Penal Internacional, al que están vaciando, como ya vaciaron a la ONU, que está sirviendo de ejemplo a la Unión Europea en su demencial y totalitaria xenofobia, con la confinación (ilegal) de inmigrantes que huyen de la hambruna o de conflictos bélicos que nadie tiene interés en terminar, porque a muchos les están beneficiando. Eso son las alambradas interpuestas entre la acogida y quienes huyen de condiciones extremas, casi siempre –si no siempre- propiciadas precisamente por quienes ahora les niegan el necesario y legal derecho de asilo.

La “guinda” (negra, por supuesto), la han puesto los grupos neonazis o filonazis, al fletar un barco para impedir a los inmigrantes el desembarco de sus frágiles embarcaciones en territorio europeo. ¿Cómo lo harán? ¿Los atacarán, como Israel atacó a la flotilla que llevaba ayuda humanitaria y agua a Gaza? Hundirlos es muy fácil para ellos, dada la diferencia de fuerzas y la de tamaño de la embarcación atacante y las atacadas. ¿Los “recogerán” en Altamar, para volverlos a llevar a la costa africana? Ambas actitudes criminales están claramente definidas en la legislación humanitaria internacional, citada más atrás. Por lo tanto, esas y similares actuaciones, además de escarnio para la “civilizada” Europa, merecerán el juicio y la condena por el TPI y el apresamiento de los culpables por la armada de cualquier país -europeo o mundial-, porque quienes se permiten llevar a cabo esas acciones están actuando como piratas, y piratas deben ser declarados por las autoridades, aunque solo fuera para salvar su responsabilidad, para mantener mínimamente su dignidad.

Pero ¿quiere Europa salvar su responsabilidad, o simplemente tergiversar para ocultar? ¿Quiere Europa mantener su dignidad? Solo es posible mantener lo que se tiene.

 

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