Condeno las condenas

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Condeno las condenas

Está demostrado que las condenas “literarias”, los gestos, las acciones simbólicas sirven de
poco; las leyes son realidades, los derechos son realidades y a nivel jurídico han de garantizar la seguridad, la libertad y todos los principios que recogen; no se deben quedar en mera palabrería y la clase política, muchas organizaciones gubernamentales y muchas religiones se han quedado en los gestos; en rituales que tuvieron una base profunda pero que han perdido el significado previo para convertirse en un baile de salón con un mero significado antropológico.

La ONU condena un ataque, fallece una mujer por agresión y los ayuntamientos establecen cinco minutos de silencio, que como un espectáculo de teatro, acaba en aplauso -que aún no sé si se dirige a la víctima o a los que han participado en el acto simbólico-; hay hambruna, sed, miseria… y las organizaciones no gubernamentales organizan un festival donde actúan grandes artistas o hacen una cena de lujo para recaudar fondos, que en gran parte van a parar para cubrir gastos, al sistema administrativo y organizativo de la propia entidad o a una campaña de publicidad, para recaudar más fondos: gestos.

El hambre, después de años y décadas de intervención caritativa sigue provocando millones de muertes en África; las guerras siguen matando personas dentro de una doble moral -quienes las condenan, venden las armas -; las agresiones en hogares aumentan cada vez más, pese a las campañas publicitarias; todos los gobiernos apoyan, participan, fomentan los Derechos Humanos, todos los gobiernos dictan leyes cada día más represoras, cada día más injustas, cada día ofreciendo más apoyos a las grandes organizaciones y entidades privadas en nombre de la economía del país, pero el problema es que la economía del país, no es la economía de los ciudadanos y mientras las líneas estadísticas de la contabilidad gubernamental ascienden, la de todos (o la mayoría) de nosotros desciende.

Es un precio demasiado alto el que pagamos para que esa formación artificial y política que llamamos país no tenga deudas con otros Estados u organizaciones internacionales como la Comunidad Económica Europea, y ocurre en todas partes, en todos los continentes; los gestores que deben mirar por el Estado de bienestar se preocupan más de obtener buenos resultados contables que de la vivienda, educación, trabajo y si es necesario recortar presupuesto en esas partidas, no les tiembla el pulso y lo hacen; posteriormente hablan en magníficos discursos llenos de palabrería vacía de igualdad, educación, sanidad, derechos sociales: gestos.

Hace falta actividad, hace falta realidad, hace falta compromiso con la persona, con las creencias y los ideales; estamos cansados de gestos, de condenas, de manifestaciones verbales en el púlpito de la iglesia, en el escenario, en el bar o en las tribunas de los parlamentos nacionales; necesitamos acciones, tenemos que promover acciones reales y concretas y es responsabilidad nuestra, sin subterfugios, sin máscaras, sin culpar a quienes hemos puesto -siempre podemos quitarlo- a trabajar gobernando. Porque si no, esto seguirá ocurriendo:

 

¡Condeno las condenas!

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