Carnaval

0
217

Un Carnaval cada vez más sexual

  Desde sus posibles orígenes para adorar al dios Baco en la Roma clásica, pasando por las diferentes concepciones religiosas, los carnavales siempre han sido sinónimo de celebración. Estas celebraciones se caracterizan por una liberación física y moral, avivada por la sensación de impunidad que un disfraz confiere, y ninguna de estas cosas es perjudicial o reprochable, es más, son totalmente respetables. El problema empieza cuando ciertos comportamientos, son intolerables.

Hay muchos comportamientos que no se deben tolerar bajo ninguna circunstancia y el carnaval no es excepción. Muchas personas aprovechan la “impunidad” de una máscara para acercarse de más en una discoteca, otros estimulados por el alcohol, harán mucho más que acercarse.

Los machismos y micromachismos inherentes a nuestra sociedad se hacen más latentes en estos momentos de gozo y disfrute regados por alcohol. Algunas personas tomaran como una invitación el disfraz (más o menos revelador) de una chica, otras personas interpretaran que alguien ebrio es una “presa” aceptable. Esto provocará que, ante la inseguridad que sienten, las posibles víctimas tomen medidas cautelares e incluso, que vuelvan a casa con miedo.

Una de las características más visibles del carnaval, y que lo suele diferenciar de otras fiestas, son los disfraces. Año tras año se hacen disfraces extravagantes, diferentes, con carácter crítico, como modo de burla (este año uno de los más vendidos es el disfraz de Donald Trump)… Todos estos disfraces, creados para el disfrute del portador y del espectador, son totalmente dignos, atrás quedan las discusiones sobre la supuesta inmoralidad de algunos de estos trajes. Pero, ¿qué pasa cuando la persona que porta estos trajes es un menor? ¿Hasta qué punto es corrector que un menor de, por ejemplo, nueve años lleve un disfraz de pirata sexy? ¿No estaremos hipersexualizando a los menores? ¿Dónde está el límite?

Cuando un menor de 9 años se dirija a una tienda para comprar un disfraz, ¿qué se debería de encontrar? Debería encontrase un disfraz divertido, amplio (para permitirle moverse y correr con facilidad) y estimulante, no un disfraz corto o ajustado que entorpezca su diversión. Además, para
más jocosidad, vivimos en una sociedad que constantemente te juzga por tu apariencia física, un pantalón demasiado corto o un determinado peinado puede hacer que acabes encasillado. Si enseñamos a los niños a vestir así desde pequeños, y después, de adultos, los juzgamos por ello, ¿Qué mensaje les estamos dando?

Para todos estos problemas existen soluciones muy sencillas. Para el problema de la inseguridad y el miedo que produce la amenaza de un trato que no deseas recibir, hay que
educar a la población, enseñarlos a respetar a las persona por el hecho de serlo y enseñar que “no” es “no”.

Para el problema de la hipersexualización de los niños, tal vez debamos dejarlos ser solo eso, niños.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here