Tras un par de años viendo que una marea violeta inunda las calles el ocho de marzo, parece que la sociedad está despertando del sistema machista y heteropatriarcal que llevamos arrastrando desde tiempos muy remotos. Cada vez hay más personas que se cuestionan lo que nos rodea: que porqué el hecho de pertenecer a un sexo o a otro significa que para algunos son todo ayudas, aplausos y alabanzas mientras que para otras, techos de cristal y abucheos.

Muchas son las empresas que se han sumado al movimiento del 8M y, creando prendas con mensajes feministas, han sabido sacarse un beneficio. Pero, ahora bien, ¿no debería haber un límite? El capitalismo dice no.

 

Ser capitalista y neoliberal es incompatible con apoyar la lucha feminista, de la misma forma que una persona de derechas es antifeminista. Cierto es que hay muchas formas de ser de derechas, pero hay algo que tienen en común: las desigualdades sociales no están en los valores a priorizar. En cambio, en los valores de la izquierda, las desigualdades sociales son las protagonistas y uno de los puntos más importantes a combatir.

Mientras que la izquierda apoya la propiedad pública, cree en la comunidad y pelea por el reparto de la riqueza, la derecha defiende la propiedad privada, el individualismo y olvida los derechos y las desigualdades con el objetivo de conseguir más riqueza con la libre competitividad.

 

Y es aquí donde la avaricia nace entre los empresarios que se aprovechan de una nueva forma de movimiento social para conseguir más dinero. Muchas empresas se han dado cuenta que ahora el feminismo es una forma más fácil de lucrarse que antes, ya que estamos atravesando una época en la que la gente tiene una necesidad de simbología, de identificarse con un grupo. Necesitamos, mediante símbolos que mostramos en público, identificarnos como clase obrera, que somos feministas, integrantes del grupo LGTB+, que somos españoles, que somos separatistas, que somos de un partido político o de otro; en otras palabras: consumismo y falsa libertad de elegir.

En general, los artículos feministas se pueden identificar porque están llenos de frases y dibujos feministas y, seguramente, llevarán algún toque violeta. Pero ¿a quién van dirigidos estos productos? A las “falsas” feministas.

 

Las clientas, generalmente mujeres, son personas que se unen a la moda del feminismo, precisamente porque está de “moda” pero no indagan en el movimiento en sí. El feminismo no debería ser una moda que va y viene, sino que debería mantenerse y ser una lucha continua. Como consecuencia, ocurre que no se dan cuenta de que su comportamiento es contradictorio ya que están apoyando al capitalismo. Al capitalismo le da igual si se están explotando a personas, lo que le importa es su propio beneficio que conseguirá con las camisetas de “Feminist”.  Las empresas no son un buen ejemplo de divulgación y propagación del feminismo, sino que son una imagen de cómo el capitalismo se aprovecha de un sistema social para sacarle una ganancia.

Lo verdaderamente triste es que cuando hay una reivindicación o un movimiento social, que promueve acabar con las desigualdades de género, sexuales, de clases o de raza, el capitalismo lo usa como mercado.

Por un lado, deberíamos aprovechar este auge del feminismo como moda de una forma positiva, es decir, reutilizando determinados artículos con los que expandir el mensaje feminista. Podrían venderse artículos con el fin de destinar los beneficios a asociaciones contra la violencia machista, o para investigaciones médicas, o se podría hacer algún proyecto para llegar a más gente para enseñarles lo que es el feminismo y lo que pretende combatir.

Igualmente, tendríamos que comprometernos como sociedad a construir un mundo en el cual el oportunismo de querer enriquecerse a costa de un movimiento tuviera una serie de repercusiones. Crear unas normas que tuvieran unas consecuencias para aquellos que se benefician de un movimiento social.

 

Avanzar por el camino del feminismo significa abandonar al capitalismo.

Compartir
Artículo anteriorSonreír
Artículo siguienteLa Muerte
Blanca Olivares
- Jefa de redaccción de Revista LOA - Filóloga francesa -

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here