BUTACAS VACÍAS

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Romper la cuarta pared, mantener al espectador activo, despierto. Un final abierto a la interpretación del espectador, provocar el debate intelectual entre el público, dejar que sean ellos quienes decidan qué es lo correcto y que no lo es, presentar una realidad sin abordarla, mantenerse al margen.

Es la función social del teatro la que históricamente pretende crear conciencia. Creo que nos hemos pasado, hemos perdido la referencia, no tenemos los pies en el suelo, vivimos en una burbuja intelectual, esa es la palabra intelectual ¿Quién es un intelectual? ¿Quién va al teatro? Seré yo que soy demasiado negativo cuando pienso que el pueblo, que es para quien se representa la obra con la intención de concienciar de los problemas que acusa nuestra sociedad, no se ve representado en las butacas.

En las butacas no encontramos a Antonio que cobra 800€ y hace malabares para llegar a fin de mes pero vota a partidos de derechas. No encontramos a Carmen que limpia portales durante diez horas al día pero cree que la corrupción es algo inevitable y continua votando a un partido que equivocadamente cree que le representa.

Nos equivocamos si pensamos que el pueblo el verdadero pueblo tiene el nivel intelectual que requiere el teatro actual. Nos equivocamos si pensamos que la gente corriente puede siquiera llegar a cuestionarse esos conceptos filosóficos que nos propone el teatro actual. Esos finales abiertos en los que discernir entre el bien y el mal es algo tan subjetivo.

Cobardes, cobardes que dejan la decisión en manos de quien no tiene la capacidad para tomarla.

¿Qué os parece? Un teatro social de verdad, un teatro inclusivo donde los espectadores entiendan el papel que juegan, con objetivos cercanos, casos identificables, con finales cerrados y reales, con vida, con sentimiento e ilusión. Un teatro de calle, Un teatro en el que el espectador se sienta identificado con los problemas que le pasan al protagonista. Un teatro que requiera de conciencia y no de nivel intelectual.

Este es el teatro que puede cambiar las cosas. Es el teatro reivindicativo de verdad. Hemos perdido el norte, más bien nos hemos perdido en nuestra burbuja intelectual llena de conceptos filosóficos y metáforas que solo cuatro pueden entender. Propongo volver a los inicios, a la plaza, a las raíces de un teatro que no se deberían de haber olvidado.

 

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