El azúcar: ¿premio o castigo?

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En la actualidad, según una investigación de la Universidad de Stanford el 80% de los alimentos que consumimos contiene azúcares en cualquiera de sus formas (sacarosa, fructosa, glucosa, lactosa, dextrosa, azúcar moreno…….) Este porcentaje viene a explicar porque aun llevando una alimentación, donde los dulces y bollería fueran una excepción, también se ingerirían grandes cantidades de azúcares.

¿Cómo y dónde?

Este azúcar invisible para la mayoría de consumidores, procede de alimentos procesados, por ejemplo:

-productos bajos en grasa o light

-procesados cárnicos o embutidos

-refrescos

-salsas

-panes de molde

-conservas

– y un largo etcétera de alimentos.

Según los datos del Estudio de Nutrición y Riesgo cardiovascular en España, realizado en el 2011 por la Universidad Autónoma de Madrid, los españoles consumen de media 36,6 kilos de azúcar al año y las españolas 30 kilos. Esto supone que, del azúcar proviene más del 15% de la energía diaria obtenida con la comida. Mucho más de lo que recomienda la OMS (Organización Mundial de la Salud).

¿Por qué no es conveniente que tal alto porcentaje de nuestra energía venga de los azúcares consumidos?

Para entenderlo habría que conocer las dos categorías de azúcares y cómo funcionan a nivel corporal. Son los azúcares simples y los complejos.

Los simples serían descompuestos muy rápidamente por el cuerpo (el ejemplo más claro de este tipo de azúcares es el azúcar blanco), al ser descompuestos tan rápidamente causan altibajos de energía.

Los complejos requieren más tiempo para su descomposición, por lo que son más saludables y no causan bajones de energía súbitos, serían los cereales integrales y las frutas, por ejemplo.

Es precisamente su categoría como azúcar simple lo que la convierte en un alimento perjudicial para el cuerpo y la función cerebral.

Los resultados de esta ingesta involuntaria o solapada de azúcar son variados y ninguno bueno:

-produce diabetes por los cambios bruscos de azúcar en sangre.

-provoca que el cuerpo tenga que usar, para absorberla, de sus propias vitaminas, minerales y oligoelementos, ya que como alimento procesado no los lleva y para su absorción son necesarios.

-aumenta la excreción del calcio en la orina, porque el azúcar acidifica el cuerpo, y este se ve obligado a tirar de reservas de calcio para neutralizar la acidez.

-produce obesidad, pues estos cambios de energía nos obligan a seguir comiendo para no sentir cansancio o aplomo, lo que a su vez incrementa el colesterol y otras grasas en sangre, aumentando las posibilidades de sufrir una enfermedad cardiovascular.

-bloquea el sistema inmunológico e impide que funcione correctamente, disminuyendo la capacidad de los glóbulos blancos para combatir las bacterias, asimismo es alimento de levaduras, bacterias y parásitos y esto incrementa las infecciones de este tipo.

-puede conducir a la hipertensión arterial.

-es nefasta para la salud dental ya que azúcar más placa crean un ácido que ataca el esmalte de los dientes.

-la más importante, afecta a la función cerebral de forma parecida a como lo haría la cocaína. El exceso de azúcar reduce los niveles del neurotransmisor dopamina, lo que supone que, a más azúcar consumida, más azúcar se necesita para alcanzar los mismos niveles de dopamina y por tanto, evitar estados leves de depresión, problemas de comportamiento o aprendizaje, déficit de atención… Especialmente dañino resulta para niños con TDH en los cuales es parte del problema y también lo empeora.

Volvemos a lo de siempre: ¿sería ideal vivir sin azúcares simples? Desde luego.

¿Es esto posible? Complicado al menos.

Pues como poco, reduzcamos esta cantidad consumida para reducir sus efectos.

Comencemos a mirar las etiquetas de lo que compramos, sustituyamos los cereales por integrales, cambiemos los bollos por fruta. En síntesis comamos de forma consciente.

No digo que no se coma un bollo, al contrario, que sea uno y disfrútelo como si fuera lo único que está haciendo en ese momento y que vuelva a ser lo que fue en otros tiempos. Comida de reyes reservada para las grandes ocasiones.

 

 

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