APRENDE A CUIDARTE: MITOS Y VERDADES SOBRE LA MEDICINA Y LOS REMEDIOS CASEROS.

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El aceite de serpiente, elaborado a partir de la grasa del reptil, era comúnmente usado en la medicina tradicional china y en Egipto debido a sus supuestas propiedades analgésicas. Pero en EE.UU. durante el siglo XIX, ante la inexistencia aún de patentes y el escaso conocimiento científico de los fabricantes de medicamentos, las estafas estaban a la orden del día. Se vendía aceite adulterado (sin una pizca de serpiente), y otros muchos remedios de más que dudosa fiabilidad.  Todo el que haya visto algún Western, recordará al típico doctor ambulante, cargado de ungüentos, brebajes, charlatanería y a veces acompañado de un cómplice que lo aclamaba para alentar al gentío a comprar sus panaceas, para justo después escapar antes de ser descubiertos. Desde esa época, se utilizó el término aceite de serpiente (“snake oil”) para referirse a cualquier compuesto ofrecido como remedio pero que realmente no produce ningún beneficio a nuestro organismo.

Hoy, en pleno siglo XXI, estas prácticas siguen ocurriendo con mucha frecuencia, ayudadas de un evolucionado y agresivo marketing, y el aumento exponencial de muertes potencialmente derivadas de lo que ingerimos es preocupante. Cabe destacar que cada vez más personas muestran interés por controlar su salud y su dieta, pero a la vez están sometidas a un constante bombardeo de información a través de la televisión, Internet, las diferentes tradiciones… Información tanto real como falsa, y entre ellas un amplio mar de dudas.

Ahora bien, ¿qué hacer a la hora de elegir qué comer o cómo tratar alguna dolencia o enfermedad? ¿Hasta qué punto se ha de confiar en la medicina tradicional? ¿Y en la alternativa y los remedios caseros?

Obviamente y en primer lugar, es importante tomar conciencia de las reacciones del propio cuerpo, y hay remedios usados desde tiempos ancestrales que ciertamente ayudan en muchos casos. Sin embargo, cuando se adentra uno en el mundo de los medicamentos, los suplementos alimenticios, los diferentes tratamientos y terapias, todo se vuelve mucho más complejo y confuso. Además, el avance de la ciencia y la tecnología ha permitido la realización de miles de estudios con la finalidad de comprobar las propiedades de algún alimento o producto, pero para el ciudadano de a pie es difícil contrastar dichas investigaciones con una fiabilidad del 100% o cercana. Se necesita ir creando un propio filtro diferenciador.

Muchos científicos realizan esta labor de recopilación, como es el caso de la webSnake Oil Supplements by Information is Beautiful, en la que un grupo de investigadores ha cruzado millones de datos de estudios serios y elaborado una infografía que muestra el grado de evidencia científica de los beneficios de diferentes alimentos y compuestos para el organismo y el tratamiento de afecciones, considerando un adulto sano, y que se va actualizando periódicamente.

En el gráfico se disponen los elementos con mayor evidencia en la parte superior, junto al beneficio que procuran y un enlace a los estudios en que se basa. Como se puede apreciar, a medida que se desciende en la gráfica, y por tanto, en la evidencia, aparece una maraña que incluye estudios inconclusos, otros con escasa o nula efectividad probada e incluso algunos que resultan perjudiciales en determinados casos. También aparece con frecuencia el mismo elemento en varias ocasiones. Esto se debe al diferente grado de efectividad tangible de un mismo producto en relación con diferentes circunstancias.

Puede advertirse además el contraste entre los intereses científicos y los intereses de la población general. Por ejemplo, la comunidad científica invierte mucho tiempo y dinero en estudiar las propiedades de la vitamina D en comparación con la percepción de su importancia por parte de la opinión pública. Está altamente demostrado que reduce el riesgo de muerte en general y aumenta la densidad ósea, y es muy posible que ayude a combatir directamente la gripe y el asma. No obstante, aunque la depresión se asocia con bajos niveles de vitamina D, no se ha podido probar que su escasez sea causa directa de la misma. Ni que aunque personas con altos niveles de vitamina D de forma natural tienen menor riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer, tomar suplementos vitamínicos reduzca la probabilidad. Podemos encontrar altos niveles de vitamina D en alimentos muy diversos como pescado azul, huevo, hígado y en lácteos y cereales fortificados.

Por otro lado, un elemento con gran interés popular y con resultados contradictorios, son los ácidos grasos Omega-3. Son eficaces para el tratamiento del cáncer colorrectal, y sin embargo, recientes estudios han encontrado un aumento del riesgo de cáncer de próstata en varones con altos niveles de Omega-3 en el organismo. Aparte de estos dos datos, solo existen cientos de estudios inconcluyentes.

Es necesario destacar los productos con la eficacia más alta demostrada:

  • Hierba de San Juan: se trata de una planta muy extendida que ayuda a tratar la depresión y la ansiedad. Es tan eficaz como los medicamentos convencionales, pero debe administrarse correcta y cuidadosamente.
  • Café: esta célebre bebida reduce el riesgo de padecer problemas cardiovasculares. Eso no es todo… La cantidad óptima que se recomienda consumir al día para conseguir estos efectos es de 3 a 5 tazas. Además la cafeína promueve la consolidación de la memoria a largo plazo. Si os parece poco, puede que también ayude en la prevención del cáncer de piel, el Alzheimer y la demencia, aunque todavía está por comprobar.

Aunque cabría mencionar algunos más, aquí una curiosidad para finalizar: la membrana que recubre el interior de la cáscara del huevo es altamente beneficiosa para las articulaciones y para el tratamiento de la artritis, incrementando la reproducción celular y disminuyendo la inflamación.

Solo queda decir: lee, infórmate, contrasta datos y opiniones, y aprende a cuidarte.

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