Entrañas de la realidad, ahogando el ácido en el infierno
y nunca quiero terminar, terminar…

Me marcho pa trabajar y a veces tengo
que falsamente sonreir.
El viento me daba igual si a mí me lleva
lo que me queda está por venir.

 

El viernes pasado, tuvo lugar un concierto de Astola y el Ratón en Aliatar, un antiguo cine reconvertido en un club nocturno y sala de conciertos en pleno centro de Granada. Es un sitio histórico, con un ambiente bastante pijo, que no evitaría que Astola se quitara los zapatos y los calcetines en la segunda canción. Gracias a este tipo de gestos, me entra la incesante necesidad de reflexionar. Sobre Astola, sobre el Ratón, sobre el Canijo o sobre el mismo Migue, y sobre el legado que han dejado a día de hoy.

Durante el concierto, el Ratón disfrutó cada segundo y sonrisa en boca, transmitía su mágica energía a quien fuera que le rodeara, dejando varios momentos para el recuerdo de quienes lo pudimos disfrutar.

Por otro lado, el Canijo de Jerez anda aun embarcado en la gira de su último disco, Manual de Jaleo, con un par de conciertos aun por realizar en sala antes de empezar la época de festivales. Por Granada se dejó ver hace unos meses, en la sala El Tren, tras un par de años embarcado en su proyecto Estricnina con su compae Juanito Makande.

Han pasado ya varios años desde que los Diego y Marcos decidieron separarse para embarcarse en sus propios navíos y descubrir nuevos horizontes artísticos. Quince años desde que el poeta garrapatero tocó su guitarra por última vez, y con rasgada voz entonó sus letras para deleite de quien le escuchara. Por último, hace 20 años que tres chavales se juntaron con unos pocos acordes, muchas influencias musicales, que van desde Bowie a Triana, mezclado con actitud rebosante de pasión callejera, y en contraste, pocos medios económicos, que no impedirían que esa forma de ver la vida contagiara a la gente que crecimos con ellos. ¿Hasta donde llega hoy ese bendito germen?

Garrapatero es porque yo de chico vivía en er campo siempre y tenía perros de toa la vía… Y le quitaba las garrapatas porque era un animal que siempre ma atraío mucho. Veía argo que me gustaba, una moto que me gustaba, por ejemplo, un mobilete, y decía: Uuu, ¡qué moto más garrapatera ompare!” respondió El Migue en una entrevista, cuando el término se empezó a cuestionar y debatir.

Eso es como cuando te tiras en el barro y estás a gusto y te da igual mancharte. Cuando eres feliz con lo poco que tienes. La gente que hace la vida más fácil es la gente garrapatera. ” dijo el Canijo algún tiempo después, sentando el termino como una filosofía de vida.

Siempre hay más anécdotas sobre los Delinquentes, de las aventuras que vivían por vivir las vidas que vivían y quedaban plasmadas en sus letras que acompañadas por música de todos los estilos pasados por el filtro andalú aflamencao. Canciones como el “Viajero del Carton”, “Nube de Pegatina” “Chinchetas en el aire” o “Poeta encadenado” son metáforas catalizadas de sus experiencias o de las historias de las gentes pintorescas de su zona.

El Migue fue el primero que empezó su propio proyecto, bajo el nombre de Matajare, aunque desgraciadamente este nunca llegó a completarse debido al fallecimiento del artista.

El Canijo y el Ratón seguirían varios años más con su andadura en los Delinquentes antes de la ruptura del grupo haciendo colaboraciones con otros muchos artistas, tanto dentro como fuera de territorio Andaluz. Tomasito y Muchachito pueden ser los ejemplos mas sonados, con quienes colaboraron, además de juntarse para varios discos/colaboraciones con más artistas para formar grupos como G5 o La Pandilla Voladora (con Lichis de la Cabra Mecánica, Albert Pla o Kiko Rivera en caso de G5).

El Canijo y el Ratón se influenciaron musical y artísticamente de todas estas colaboraciones con gente que tocaba estilos parecidos, pero a la vez, como garrapatas simbióticas en lugar de parasitarias, saltaban para agarrarse a los subconscientes de estos otros artistas con los que se cruzaron, y sus posteriores creaciones.

La facilidad de los Delinquentes para teñir cualquier estilo musical con su tinte callejero garrapatero, ha influenciado a más artistas del panorama actual como pueden ser los anteriormente citados, Juanito Makande y Astola.

El primero empezó su carrera en Radio Makande, un grupo influenciado por la rumba callejera y posiblemente por otros como Los Delinquentes.

Tras la separación, Juanito se lo montó por su cuenta, rechazando discográficas y buscando su propio sonido, su propia fusión del flamenco con otros estilos, en su caso, usualmente Jazz y Funk. Desde hace muchos años, también mantiene una estrecha relación con el Canijo, que, tras varias colaboraciones, culminaría en una búsqueda por parte de ambos de un sonido y un concepto muy diferente a Los Delinquentes:

Estricnina fue un grupo mas preocupado por su estética que por su contenido. Antes de sacar ninguna canción ya se habían vendido como algo extraño, extraterrestre, “un veneno matarratas”. Cuando sacaron los dos primeros temas, sonaba fresco y curioso, pero ese sonido empezó a degenerar hacia un Rock-Pop, que parecía querer buscar un público más decantado por lo mainstream. X se lanzó en Y, y la pareja se enfrascó en una gira durante 2017.

Pude ver el concierto que dieron en el Festival Primavera Trompetera ese mismo año, y bajo mi subjetividad, fue La Decepción de ese festival. Puede sonar a niño enrabietado, pero se limitaron a tocar canciones de su nuevo proyecto y una de Makandé en solitario, si no recuerdo mal.

Puedo comprender que una persona quiera avanzar artísticamente de lo que ha hecho toda su vida, y quiera volar libre de echar la vista atrás por una vez, pero cuando tu música ha marcado a toda la gente que ha venido a verte, y el mismo festival lleva el nombre de uno de esos himnos, no entiendo la lógica de no hacer al menos un homenaje a lo que un día fue. Marcos, si alguna vez lees esto, te quiero preguntar: ¿Crees que la gente acudió a vuestra gira por Estricnina o por Los Delinquentes?

Estricnina se separó tras la gira. Como experimento no estuvo mal, no fue un fracaso estrepitoso porque supieron acabar pronto con ello; que aquel, no era su estilo ni su estética, ni esas eran las sensaciones que pretendían trasmitir con su música; pero al menos, fue divertido mientras duró.

Tras separar sus caminos, El Canijo sacó Manual del Jaleo, y Juanito El habitante de la tarde roja, volviendo cada uno a donde se sentía cómodo musicalmente, con energías renovadas, y vaya si se nota en los resultados.

Por otro lado, Diego Pozo, al separarse aprovechó su nueva vida más relajada y se juntó con pequeños grupos para dar bolos por Andalucía, tocar y aprender tras muchos palos nuevos, se juntó con Astola, quien en una evolución que me remite a un paralelismo invertido con Melendi, ha llegado a un punto donde comparte camino con el exguitarrista de los padres garrapateros, creando ambos un interesante disco: El hombre Caracol.

Quiero ir abreviando y llegando a algún tipo de conclusión, ya que la longitud del texto se ha extendido mas de lo que me gustaría, cosa que es normal cuando buscas relaciones entre artistas que evolucionan constantemente. Todos estos artistas estén en el punto de la vida que estén comparten una idea, basada en disfrutar de lo que la vida nos ofrece desde la humildad y la sencillez; comparten unos orígenes humildes, socializando desde chicos en corros de palmas de las placetas andaluzas y compartiendo una filosofía, que se diluye con la noche, cantándole a la luna llena sentao en la rama de un olivo.