Siempre con la misma canción: el Ártico se derretirá, el oso polar desaparecerá. Esta es la campaña que más han difundido algunas asociaciones ecologistas y por la que están dispuestas a dar hasta la última gota de sudor. Y me parece muy coherente: un ecosistema como el del Ártico no lo recuperaremos nunca. Pero, si el objetivo es, a mi entender, concienciar a la gente de que podemos conseguir y nos merecemos un clima beneficioso para la salud y al que podamos sacar provecho económico y social, ¿de verdad es esta la mejor estrategia?

En cuanto a mi experiencia personal, cuando me hablan de ciclones, maremotos ocualquier desastre natural habido y por haber siempre pienso en lo lejos que está de mí. «Esto nunca pasará por aquí cerca», pienso. «Esto es consecuencia del cambio climático», expresan algunos medios de comunicación. Por tanto, siempre relaciono «cambio climático» con algo lejano, remoto y que nunca me afectará. Y esto le pasa a casi todo el mundo que vive en zonas templadas y de clima «tranquilo».

Es por eso que las gentes que habitan estas zonas, entre ellas la península Ibérica, están poco concienciadas de las variaciones que pueden afectar al clima o incluso piensan que no cambiará, como nuestro amigo el presidente de EEUU. Las personas necesitamos argumentos palpables para visualizar el problema, ser conscientes y actuar en consecuencia. Yo diría que incluso tenemos que bajar de la escala nacional para hacer referencia a estos hechos. Es decir, si a un marsellés le dices que la costa del canal de la Mancha va a sufrir un retroceso considerable en los próximos 30 años, probablemente le dé igual, aunque sea de su propio país. En cambio, si le dices que en Aix-en-Provence está empezando a hacer un calor de la hostia y que va a aumentar en los próximos años, a lo mejor le pica la curiosidad. Más que nada porque lo está sufriendo.

Otro ejemplo: si le dices a un agricultor de almendras que, en unos años se le van a morir todos sus árboles porque estos no soportan el calor excesivo, quizá tome cartas en el asunto. O si le dices a Javi que en invierno no podrá disfrutar de una pista de hielo en su ciudad porque el calor derretirá en seguida la superficie y es totalmente inviable, puede que le toque la moral porque siempre queda con su familia para ir el día 25 de diciembre. En cambio, si les dices que el oso polar va a desaparecer, dirán: «qué lástima, pobrecitos», y seguirán su marcha como si nada.

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