Se rellenó un nuevo vaso
Gota a tramo,
dibujó un campo silvestre y volvió a disiparse.
Te tenía tan mío
y ya no sé ni de quien era el aire en el que llegaste.
No es ni triste por definición.
Se me rompió un ovario
y salió sangre.
Gota a tramo,
mi humor cambió conmigo.
Me fui desprendiendo de dolor, de ira, de miedo.
Me fui desprendiendo de mi propia sangre.
Yo me dolía contigo,
me enfadaba contigo,
me revelaba contra lo insano de un amor del viento.
Tenía miedo de perder algo que nunca había construído.

Cuando más os hablo,
menos os siento.
Cuanto más me hablo,
más me siento.

Hubo un atardecer gallego
que propició la mejor aventura.
El sol se fue,
mientras llegaban las sirenas.
Una me habló,
y vino a susurrarme poemas.
Me agarró la mano,
y me sumergió con ella.
«Deja de desprenderte tanto de tí,
aférrate a las cicatrices que te forman,
bésalas
y empieza a fluír entre aguas del Triunfo.
Sigue una estela firme de listas que ya no esperan.
Camina sin forma
y dibuja relieves.»

No sé si fue Granada
No sé si Galiza
No sé si la sirena
No sé si una nueva vida en mí misma.
Pero el agua,
nunca consiguió volver a ahogarme.
El agua estaba en mí,
bajo mi piel
y con mi sangre.

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